Pérez contra Sharp: el matrimonio interracial

Hoy nos parece absolutamente normal, y es cómo debe ser, el matrimonio interracial, sin embargo hace poco más de 70 años en los Estados Unidos algunas leyes estatales lo prohibían, entre ellos el moderno y liberal estado de California.

Fue una mujer mexicana-estadounidense y un hombre afroamericano los que en 1948 consiguieron que la Corte Suprema de California fallaran a su favor argumentando que el matrimonio era, y es, un derecho fundamental y que las leyes que restringían en aquel entonces ese derecho no podían basarse únicamente en prejuicios raciales.

El caso de Pérez contra Sharp de 1948, también llamado Pérez contra Lippold o Pérez contra Moroney, es un caso histórico que hoy se estudia en las Facultades de Derecho de los Estados Unidos, como uno de esos sucesos que fue capaz de tumbar leyes estatales que hasta ese momento se consideraban «normales», pero que no lo eran, por injustas y discriminatorias. Y que incluso ejercieron una influencia que llegaría hasta los primeros años del siglo XXI.

Aún así, la corte californiana dictó en aquel año a favor de la pareja por una muy ajustada mayoría de 4 a 3, declarando que la actual prohibición estatal del matrimonio interracial violaba la Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. Este veredicto constituyó un antes y un después en las leyes estatales californianas y estadounidenses y forma parte de la historia norteamericana de la lucha por la igualdad racial y la libertad matrimonial.

(Para quién no lo sepa, la Decimocuarta Enmienda, ratificada en 1868, es una de las más importantes y de mayor alcance en la historia del USA. Promulgada justo después de la Guerra Civil en los Estados Unidos, abolió la esclavitud, garantizando la igualdad de derechos a los afrodescendientes.)

Y ahora, hagamos un poco de memoria.


El caso Pérez contra Sharp

Andrea Pérez, una mujer de ascendencia mexicana, y Sylvester Davis, un hombre afroamericano, se conocieron en la fábrica de piezas de aviación ubicada en Burbank (California) durante la Segunda Guerra Mundial trabajando en la producción armamentística que tanto necesita el país para hacer frente a la contienda.

Allí surgió el amor y la relación de pareja avanzó hasta la decisión de contraer matrimonio en 1942, tres años antes del final de la guerra. Para ello iniciaron el trámite pertinente, solicitando una licencia matrimonial al Secretario del Condado de Los Ángeles.

La batalla legal empieza cuando la solicitud es rechazada como consecuencia de una ley estatal californiana que prohibía expresamente el matrimonio entre personas de distintas razas, alargándose hasta 1948, cuando por fin se emite la sentencia, 3 años después del fin de la guerra en 1945.

Según el Código Civil de California, Sección 69, vigente en aquel entonces, se prohibía explícitamente el matrimonio entre personas blancas, negras, mongoles o de raza malaya. La ley había entrado en vigor en 1850, siendo producto de los prejuicios raciales de su época, mitad del siglo XIX. Lo paradójico es que seguía en vigor casi 100 años después.


Recorte de prensa de 1948.

La batalla legal por el derecho al matrimonio interracial

Aunque la pareja intentó reiteradamente solucionar esta situación, el secretario del condado en aquel momento persistía en su negativa con la excusa de cumplir la citada ley.

La pareja de Andrea y Sylvester reaccionan buscando la ayuda de un abogado, Daniel G. Marshall, para encarar y desafiar la injusta regulación del estado presentando una demanda ante la Corte Suprema de California en la que se solicitaba un mandato que obligase al secretario del condado de Los Ángeles a emitir la ansiada licencia de matrimonio.

Los demandantes argumentan ante la Corte que la ley contra el mestizaje violaba sus derechos fundamentales al matrimonio y la libertad religiosa alegando que la ley era discriminatoria e injusta impidiéndoles ejercer su derecho al matrimonio con la persona amada.

Por otro lado, el estado californiano (todavía anclado en el siglo XIX) defendía la ley. Sus argumentos, y hablamos de 1948, se basaban en que era una ley legítima que reflejaba las normas sociales de la época, sosteniendo (sorprendentemente) que la ley no era discriminatoria y que (aún más sorprendente) protegía la pureza racial y la integridad familiar.

La decisión de la corte californiana

El juez Roger Traynor redactó el argumento principal, junto al presidente del Tribunal Supremo, Phil Gibson, y el juez Jesse Carter, declarando a favor de los demandantes que la ley contra el mestizaje era inconstitucional y atentaba contra una de las enmiendas más importantes de la historia del país, la Decimocuarta.

El matrimonio se reconocía así en el estado de California como un derecho fundamental a la vez que se sentenciaba que ninguna ley podría restringir ese mismo derecho en base a prejuicios raciales.

Por lo tanto, la norma bajo la que se amparaba el Código Civil de California, en su Sección 69, que prohibía el matrimonio interracial, violaba la Cláusula de Protección Igualitaria de la Decimocuarta Enmienda, que garantiza la igualdad de protección bajo la ley.

La decisión última de la Corte Suprema en el caso Pérez contra Sharp tuvo un impacto que resonó en la lucha por la igualdad racial en Norteamérica.

Fue la primera vez que una corte estatal declaraba inconstitucional una ley contra el mestizaje, sentando un precedente importante para futuros desafíos legales contra este tipo de leyes discriminatorias. Andrea Pérez, de raíces mexicanas, Sylvester David, afroamericano, su amor y su inquebrantable decisión de defender lo que era justo lo hicieron posible.

Consecuencias del caso Pérez contra Sharp

Esto solo fue un primer paso que afectó a California. Los Estados Unidos seguían teniendo un amplio repertorio de leyes contra el mestizaje en todos sus estados. Una a una fueron cayendo hasta que en 1967, hace tan solo 55 años (en el marco histórico eso significa «ayer»), la Corte Suprema de los Estados Unidos anuló todas las leyes contra el mestizaje en el país, en el caso de Loving contra el estado de Virginia.

Poco a poco nuevos jueces fueron apoyando la sentencia de Pérez contra Sharp haciendo que el cambio de paradigma fuera imparable. Así, el juez Douglas Edmonds escribió una valoración concurrente en la que argumentaba que la ley contra el mestizaje violaba, además, el derecho a la libertad religiosa de los demandantes, al impedirles participar plenamente en los sacramentos de su religión.

Aún así hay que recordar que la victoria en el caso fue de 4 a 3. El juez John W. Shenk, junto a los jueces B. Rey Schauer y Homer R. Spence, estaban en contra de esa decisión sosteniendo que las leyes contra el mestizaje eran válidas y que no existía base sólida y justificada para cambiarlas.

El impacto del caso Pérez contra Sharp se notó en 1967 al ser citado por el presidente del Tribunal Supremo, Earl Warren, en la sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso Loving contra Virginia que finalmente derogaría todas las leyes contra el mestizaje en todo el país.

El derecho al matrimonio interracial que abrió y reconoció el caso Pérez contra Sharp también fue considerado como precedente en la decisión de la Corte Suprema de California de 2008 que declaraba inconstitucional la ley que definía el matrimonio como la unión exclusiva entre un hombre y una mujer, paso fundamental para el reconocimiento del derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Fue uno de tantos casos, como el de Salinas vs. Texas, que amparaba el derecho a guardar silencio y a la no autoincriminación, en los que la presencia latina e hispana marcaron un punto de inflexión en la historia legal de los Estados Unidos.

La decisión de 1948 allanó el camino para la anulación de todas las leyes contra el mestizaje en el país, hecho que se produjo definitivamente en 1967, contribuyendo al avance de la igualdad racial y la libertad matrimonial.

Más allá del impacto legal también sentó un precedente simbólico al demostrar que los tribunales eran herramientas muy poderosas para desafiar la injusticia y defender los derechos fundamentales de las personas.

La valentía de Andrea Pérez y Sylvester Davis al desafiar la ley, junto con la hábil representación legal de Daniel G. Marshall, inspiró a otros a luchar por sus derechos y contribuyó a un cambio social positivo en todo el territorio.

Más información sobre el caso y su historia:


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