El efecto de las deportaciones en la economía de Estados Unidos

Estados Unidos se enfrenta a una realidad ineludible: la migración latina no solo es parte esencial de su tejido social, sino también forma parte de la columna vertebral de su economía. Las deportaciones masivas ponen en riesgo esa realidad y causarán un gran impacto en la economía del país.

Desde el campo hasta las ciudades, los trabajadores y trabajadoras latinos han demostrado ser una fuerza laboral incansable, desempeñándose en sectores clave como la agricultura, la construcción, el servicio doméstico y la restauración.

La contribución económica irrefutable

Este inicio de reflexión podría parecer subjetivo y «solo una opinión», sin embargo los datos son incontestables. Podemos negarlos mirando a otro lado, pero están ahí. Sin migración latina el país pierde fuerza en su capacidad económica lo que expone su liderazgo mundial, hoy por hoy incuestionable.

De acuerdo con un informe del Bureau of Economic Analysis (BEA), la comunidad latina aportó aproximadamente $3.2 billones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos en 2022.

Este crecimiento exponencial ha convertido a los latinos en una de las principales fuentes de dinamismo económico del país. Como lo destacó el expresidente Barack Obama, “la inmigración refuerza nuestra economía y nos hace más fuertes”.

La realidad es clara: sin la presencia de trabajadores latinos y latinas, muchos sectores enfrentarían una crisis laboral severa. La escasez de empleados, exacerbada por las deportaciones masivas, ha dejado a numerosas industrias al borde del colapso.

Un estudio de la American Farm Bureau Federation revela que la agricultura estadounidense depende de los y las migrantes en más del 50% de su fuerza laboral.


Deportaciones masivas: Una caza de brujas sin sentido

Las políticas migratorias que promueven deportaciones indiscriminadas no solo son injustas, sino también profundamente ineficaces. La llamada “caza de brujas”, donde las personas son expulsadas del país por cuestiones burocráticas como una visa vencida o una multa de tráfico, es un golpe directo a la economía. La pérdida de trabajadores capacitados genera un vacío que no puede ser llenado fácilmente.

El reconocido economista Paul Krugman ha subrayado que “la criminalización generalizada de los inmigrantes no solo es moralmente cuestionable, sino también un error económico de gran magnitud”.

Cada trabajador deportado representa una pérdida de producción, consumo y contribuciones fiscales.

Justicia en la migración: Un enfoque razonable

Por supuesto, hay casos donde la deportación individual está justificada. Aquellos involucrados en actividades delictivas, pandillerismo o que representen una amenaza para la seguridad pública deben enfrentar las consecuencias legales. Y el mensaje en este caso debe ser claro y rápido. El país no debe acoger a personas que vienen a cometer delitos. Esto beneficia, incluso, a la propia población latina que sí se está esforzando por salir adelante.

Pero no estamos frente a esa situación, actualmente. Aplicar una tabla rasa y expulsar indiscriminadamente a personas por irregularidades menores no solo es desproporcionado, sino también inhumano. No podemos comparar un pandillero que extorsiona a los pequeños comerciantes de «su» zona con una persona que ha recibido una multa de tráfico o ha dejado de pagar un préstamo por determinadas circunstancias.

La reforma migratoria debe abordar las complejidades del sistema con empatía y pragmatismo. Mucho pragmatismo. Como dijo Joe Biden en su discurso sobre la migración, “necesitamos un sistema que refleje nuestros valores como nación de migrantes y una economía moderna”.

Porque no debemos de olvidar que si hablamos de «verdaderos americanos» deberíamos de referirnos a los que ya estaban, ocupaban y eran dueños de la tierra antes de la llegada de los europeos.

Tal y como menciona Biden, Estados Unidos se construyó con la fuerza de la migración europea, asiática, africana (forzada y no forzada) y, por supuesto, a lo largo de su historia, de la región de central y sur de América.

La práctica totalidad de la población norteamericana actual es migrante o de origen migrante. ¿Cómo, entonces, vamos a argumentar la expulsión de otras personas bajo el pretexto de «tú no eres de aquí y yo sí» cuando nuestros padres, abuelos o bisabuelos eran de Irlanda, China, Croacia, Alemania, Japón, India…?

¡Es inmoral!

Facilitar la regularización de trabajadores y agilizar los procesos de visa contribuirá a mantener el motor económico en funcionamiento.

Llegar a acuerdos con los países de origen para establecer procesos facilitadores para la captación de trabajadores también podría facilitar la entrada, regularización e integración en el país de las personas que necesitamos que estén aquí, ayudándonos a seguir siendo líderes en el Mundo.

La migración latina no es una carga; es una inversión en el futuro de Estados Unidos.

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Ignorar esta realidad a través de políticas de deportación masiva es dispararse en el pie económicamente. Solo con un enfoque justo y humano, reconociendo la valiosa contribución de la comunidad latina, Estados Unidos podrá seguir avanzando como una de las economías más fuertes del mundo.

Es momento de dejar atrás las cacerías de brujas y comenzar a construir un sistema migratorio que realmente funcione para todos y para todas.

Si es que queremos un país con futuro que siga siendo líder globalmente.


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